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La diferencia que marca la diferencia

Hace poco escuchaba la historia de un hombre que fue a comer a un restaurante. Nada más entrar, a este individuo le llamó la atención la gran amabilidad con la que le atendió el camarero. Poco después, se dio cuenta de que el resto de camareros del local eran como mínimo igual de amables y agradables que su camarero, algo que aún le sorprendió más. Al terminar de comer, se acercó a la barra para hablar con el dueño del negocio y, tras felicitarlo, sintió la necesidad de hacerle una pregunta:

- ¿Cómo haces para lograr que tus camareros sean tan amables y atentos? Ya que me resulta difícil encontrar un camarero así, pero que todos tengan esta actitud, me parece admirable. 

El dueño sonrió, y le dijo:

- Es muy sencillo, yo no contrato camareros, yo contrato a gente amable, y luego le enseño a servir mesas.

Esta historia creo que refleja perfectamente una tendencia que cada vez parece más evidente, y es que las empresas (y también las personas) elegimos a quién nos va a acompañar en nuestro día a día por su actitud. Y esto no quiere decir que sea lo único importante, ya que requisitos como el conocimiento y las habilidades son necesarios, pero no suficientes, y en definitiva, la diferencia que marca la diferencia es la actitud.

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¿Y por qué sucede esto? Porque en un entorno en el que los productos y precios son cada vez más parecidos, donde hay una masificación de profesionales y empresas, la actitud de las personas es lo que marca la diferencia. Y es tan sencillo que hay personas con las que te apetece estar y otras que, por el contrario, tu propio cuerpo te manda señales de que no te apetece estar con ellas.

Claro está, el concepto de actitud es muy amplio, por lo que yo destacaría cuatro características que son cada vez más valoradas y demandadas. Serían las siguientes:

PROACTIVIDAD

Para explicar este concepto me gusta empezar definiendo la pasividad, que serían aquellos que permanecen inmóviles independientemente de lo que les suceda. Por otro lado tenemos el término reactividad, aplicado a las personas que reaccionan ante lo que les sucede, adaptándose a las nuevas circunstancias. Las personas proactivas van un paso más allá: primero imaginan qué es lo que desean y después empiezan a actuar para que esto sea más probable. De alguna manera, la persona proactiva se anticipa a que el azar u otros escriban su guión.

RESPONSABILIDAD

Ser responsable tiene que ver con la “habilidad para responder”, y para ello, la pregunta clave es ¿qué está en mi mano hacer? Las personas responsables no empiezan sus frases con un “es que…”, no ponen excusas, ni critican y tampoco se quejan. En lugar de echar la culpa a los demás de sus resultados se centran en actuar allí donde ellos pueden, y luego asumen su parte de responsabilidad en los resultados cosechados, tanto en lo positivo como en los resultados no esperados. Y cuando analizan lo ocurrido, lo hacen desde la observación y no desde el juicio destructivo. Pienso que del error no se aprende, pero sí desde la observación y la reflexión, tanto si aciertas como si no.

POSITIVISMO

No hay que confundir a los optimistas ilusos con el concepto de ser positivo, ya que los primeros simplemente piensan que las cosas les va a salir bien sin reflexionar ni hacer nada, mientras que para ser positivo habrá que analizar la realidad y centrar la atención en hacer una lectura que nos ayude a lograr nuestros objetivos. Una persona positiva se centra en la solución y no tanto en el problema. Además, otra cualidad que le define es su entusiasmo, ya que es capaz de saber aprovechar lo bueno que le aporta cada persona y circunstancia.

EMPATÍA

La inteligencia emocional es una cualidad cada vez más demandada, y por un sencillo motivo, porque esta habilidad se ha mostrado más productiva que cualquier otra. A través del reconocimiento y gestión de las emociones, podemos solucionar mejor los desafíos del día a día, estar más motivados y lo que es más importante, nos ayuda a empatizar e influir de manera positiva en las personas del entorno. Por último, la empatía es un factor determinante en el liderazgo, ya que si las personas del entorno perciben que existe un interés sincero por ellas y las comprendemos, nuestros mensajes tendrán mucha más influencia en ellos.

Como cierre, os dejo una frase que me ha acompañado y guiado desde hace años, y que de alguna manera, está relacionada con estos conceptos:

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Fabián Villena – Director del Máster en Felicidad y Productividad

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